Javier entra en la música como el extranjero llega a un nuevo mundo, sorprendido de su inesperado colosal hallazgo, besando el suelo de las estrofas, la orilla de los estribillos, la naturaleza de cada nota…., consagrándose a ese nuevo lugar, a cada canción por la que anda su voz. A cada paso que da se va desnudando y con ojos maravillados se deja estallar en chispas de fuegos artificiales a corazón abierto…
A veces no se mueve… porque está muy atentamente escuchando las más pequeñas e invisibles confesiones de la vida, disponiéndose a dar la suya a través de su voz. Concentrado en ese hilo de luz que todos vamos desenhebrando con palabras.
Quino, el dibujante, dice que un día quiso ser dibujante para que de su lápiz surgiese el mundo entero… El  compositor de este mes, Javier Ojeda, sabe hacer salir del lápiz de su voz la música de todo que el planeta.
Mientras nosotros, sus espectadores, sin parpadear lo contemplamos sorprendidos en cada concierto esperando que de pronto el gato de Cheshire camine entre sus piernas…, que Javier se encienda del azul de las ojeras de una mujer, o que salte volando por encima de nuestras cabezas…

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