Como ya sabéis, varias primaveras atrás,  decidimos pasar página con el proyecto musical caradefuego, grupo musical en el que aprendí a  componer, a grabar mi voz en un estudio y, sobre todo,  a dar valor  al primoroso proceso silencioso jalonado de miles de pequeños detalles, para que llegue a buen puerto, de realizar   una canción, donde cabe la creación de la misma, los arreglos, la instrumentación, el estilo, la interpretación y miles de infinitas  cuestiones más.

En aquel principio yo era alguien  con poco más  que  pasión por la música y canciones que me brotaban a borbotones, pero con sólo esto pude hacer una profunda inmersión en el mundo de la música,  en el corazón de la vida de las emociones, en la agitación inherente que es caminar por un territorio donde el florecimiento y la primavera es perpetua. Nadie que haya estado en ese lugar desea marcharse, a no ser que algo extraordinario le suceda…, y si ese “algo” acontece nunca se marchará sin los esquejes que le permitan elevar el mismo paisaje nuevamente más adelante.  Tomé  prestado un pedazo de aquella incesante gestación y me marché sin mirar atrás para no arrepentirme o convertirme en estatua de sal.

A la vuelta de las estaciones lo inesperado pasó  y  llegó a iluminar con la fuerza de un sol recién nacido,  pleno de vitalidad y ternura cada instante de mis días: llegó mi hijo. Dejé de componer, de leer libros e incluso de  leer la prensa, me aislé, la crianza cercó mi acceso al exterior y viví  la frondosa soledad de la maternidad. El silencio de la naturaleza está tachonado del cantar de los pájaros y el murmullo de los insectos, pues en el silencio de criar a un bebé suenan arrullos, arrumacos, gorjeos, carcajadas y gases…, sí, los gases no faltan, jaja.   En esta nueva etapa perdí de vista quien fui, me desvanecí por arte del birlibirloque  y me ví buscando  un modelo más fiel a mí misma, un nuevo chasis para mi alma. Tenía que reinventarme.

Así que planté mi esqueje con la determinación de regenerarme plena de entusiasmos renovados y  deseé, con todas mis fuerzas, seguir viviendo junto a  la  música, pero en un universo  particular donde mi hijo  tenía que acompañarme…, sí o sí. Únicamente sabía que me interesaba el útero de la creación, el espacio  de recogimiento que precede a la acción de compartir la canción realizada. Ese era mi nido y empecé a fabricarlo.

Para entonces había una estructura virtual llamada bepop.es en la que había plasmado unos servicios y unos regalos originales con el telón de fondo de la música. Yo escuchaba, apuntaba y construía. Un día  escuché muy bajito, muy bajito, a un pajarillo, pa mí que  era el ángel de la guarda de mi niño, dándome un soplo de una musa, pues  me dijo: María,  haz canciones a medida para la gente…, haz posible que las personas se regalen entre ellas canciones personalizadas, haz que la gente componga sus canciones a través de ti. Cuando comprendí el último paso para recreearme me quedé paralizada de miedo…, porque solo veía limitaciones.

Sabía que podía componer canciones pero ¿cómo hacerlas con alguien desconocido…?, además, yo solita no podía hacer una producción profesional y asequible económicamente (tanteé a mis amigos, gracias Olga, y me aconsejaron que no más de 50 0 60 euros), tampoco sabía cómo entregar la canción, pues  un cd me parecía un formato muy poco lustroso para decir a alguien: “¿te quieres casar conmigo? o, hijo, gracias por venir al mundo, o, después de 30 años te amo con toda mi alma…

Lo único que sabía era que yo iba a hacer canciones para que la gente se dijera que se quería, lo demás eran miedos, falta de confianza, dudas…, barreras, obstáculos… Mientras tanto, los días pasaban y  seguía inmersa en la crianza de mi hijo hasta que un día… alguien hizo que este largo parto terminara y fueran alumbradas  las Canciones Mensajeras. ¡¡¡Por fin!!!!!

Una amiga me mandó un wathsap después de ver la web para encargarme una canción para su madre que cumplía 80 años y me sentí ¡como si me hubiese tocado la lotería!. La sangre empezó a correr por mis venas con redobles de tambores y trompetas. Era ahora o nunca.

La falta de tiempo fue mi mejor aliado ya que tenía una semana más o menos. No podía grabar y buscar estudio de grabación, o editar con  un productor…, solo podía hacer lo que hacen los artistas cuando van a programas de radio, o cuando hacen versiones acústicas  en conciertos íntimos: primero componer y después cantar y grabar la canción que compusiese con lo que tenía a mano. Podía usar mi cámara de vídeo,  el mini estudio casero, mi móvil y poco más… Había que saltar al ruedo, pero casi desnuda. Ese era el reto. ¿El premio por superarlo?  Una vida nueva donde  poder estar al lado de mi hijo, volver a retomar mi faceta creativa y  ofrecer a la gente, a ti, a tu madre en su cumpleaños, a tu hijo que va a cumplir quince años, a tu hermana por su cariño incondicional, a un amigo por cuidar tus secretos, a tu pareja por sus abrazos…, una nueva forma de decir ¡TE QUIERO!,  la posibilidad de un proyecto con  una luz especial, que ya ha empezado a caminar, que el 17 de abril salió a cielo abierto gracias a una amiga del alma, Virginia Amena, a la que le doy las gracias desde lo más profundo de mi corazón  por darme la “alternativa” de estar con ella y su madre como  instrumento de amor a través de una canción y de volver a encontrarme a mí misma.

Después de dos años volví a componer, y fue para felicitar a una madre en su cumpleaños de parte de su hija. La canción se ha llamado “Madre”. No es mi canción en el sentido de que surge de un amor que está fuera de mí, de una intención de decir de otra persona, pero la he vivido desde mis entrañas, estoy involucrada en el ADN de las razones por las que  Virginia (hija) ama a su madre.  Fui el útero que dio calor a una confesión íntima. La alimenté hasta darle vida con mi propia vida.

Tengo mucho que mejorar, de hecho, me interesan mucho vuestras opiniones. Y, sobre todo, estoy muy deseosa de recibir vuestros encargos para los que necesito tan sólo:

1. Que queráis  dar cariño a alguien especial y esencial en vuestras vidas.

2. Un poema, carta o pequeño relato hablando y hablándole de lo que te ha dado, de sus virtudes…,  la persona a la que quieres hacer una “Canción Mensajera”.

3. Fotos para hacer el montaje visual que servirá de soporte a la canción que yo componga inspirándome en tus palabras.

Lo que vais a ver a continuación es mi  primer trabajo para “Canciones Mensajeras“… Ya me diréis si os ha gustado.

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